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"Creo que hay tantas formas de enfrentar y atravesar la enfermedad como personas en el mundo"


Un 21 de enero de 1984, en Capital Federal, nacía Laura, hija de Ángel y Viviana, hermana de Mariano. Cuenta que se crió rodeada de mucho amor familiar, de esos abrazos inolvidables que dan las abuelas y de muchas juntadas con primos.


Estudió Relaciones del Trabajo en la UBA y trabaja hace más de 10 años en una consultora, donde hace un mix entre recursos humanos y sistemas. El año pasado entró en el mundo del coaching ontológico y en unos meses si todo sale bien ya se va a certificar como coach.


Tiene un perrito que se llama Ciro y está en pareja hace más de 3 años con Cesar, quien es una persona muy importante y a quien lo define como “un compañero de lujo” y que está muy agradecida de tenerlo en su vida.


Laura tuvo cáncer en su mama izquierda en el 2018 y en la mama derecha en el 2021. Dice que son dos historias bastante similares, aunque claramente tienen sus diferencias. Sobre todo, porque, después de atravesar el primero, no volvió a ser la misma. Esta es su historia.



¿Cómo fue que te enteraste de tu diagnóstico?


Yo me hacía mis controles religiosamente todos los febreros/marzos ya que mi mamá tuvo cáncer de mama a los 50 años y falleció a sus 64 luego de transitar en óptimas condiciones toda su enfermedad. Contrariamente a los pronósticos médicos, tuvo una sobre vida de casi 15 años y, por este antecedente, yo desde muy chica ya me hacía controles con ecografía mamaria y mamografía.


Un día común y corriente, me hice la mamografía y al finalizar pasé a hacerme la ecografía. La médica que me la estaba haciendo me dijo que vio algo raro, que no deje de ir a mi turno con la ginecóloga. Con total liviandad y despreocupación le respondí que ya tenía el turno y que no iba a dejar de ir. No se me cruzaba ni de cerca las razones por las cuales ella me estaba diciendo esto.


El día del turno con mi ginecóloga me da la orden para hacerme una punción. Yo me estaba por ir a Mendoza con una amiga, entonces cuando fui a pedir el turno lo pedí para el día siguiente que regresara del viaje. Seguía sin tener la más mínima noción de lo que podía estar pasando, yo simplemente iba obedeciendo lo que me decían los médicos, pero sin tener ninguna sospecha.


Volví de viaje y al día siguiente me fui a hacer la punción. No estaba nerviosa ni inquieta, no me imaginaba que el resultado iba a ser el que fue. De hecho, la noche anterior a ir a buscar el resultado cené en lo de una amiga y ella preocupada se ofreció a acompañarme y yo re tranquila le contesté que estaba bien y que iba a estar todo bien.


Al día siguiente los resultados no fueron los que esperaba. Sentí que se me vino un tren de frente; literal. No entendía nada. La veía a la ginecóloga que me hablaba y yo no podía escucharla. Estaba en blanco total. Nunca me había pasado algo así. Cuando logré volver a la realidad le pregunté algo y con su cara me hizo entender que eso mismo me lo había estado explicando recién, por lo que le dije “me voy, mañana vuelvo”, lo único que llegó a darme fue el turno para la de operación. Si era por mí, me operaba ese mismo día.


Yo no entendía nada. Se me cayó el mundo. Todo lo que había pensado, proyecto, imaginado, soñado en ese momento se me hizo trizas. Salí de ahí y cual zombi fui a ver ropa porque a los pocos días tenía un casamiento. Llamé a los 3 o 4 que sabían que tenía que ir a buscar esos resultados y a medida que lo iba contando más angustia me generaba. Mi papa y mi hermano estaban por hacer un viaje que venían armando hace meses y yo no me animaba a contarles nada; no quería que dejaran de viajar. Finalmente me animé y se los conté al día siguiente; después de haber ido a ver nuevamente a mi ginecóloga, que con toda su amorosidad me recibió y me respondió todas las dudas que yo tenía.


El diagnostico me lo dieron un jueves 12 de abril de 2018 y el quirófano me esperaba para operarme el 26 de abril; exactamente dos semanas después. Mi ginecóloga es también mastóloga y fue quien me operó ese día que nunca voy a olvidar. Me agarró de la mano y no me soltó hasta que me quedé dormida por la anestesia. También fue quien me “despertó” dándome la buena noticia de que el ganglio centinela no estaba tomado.



Tres años después, se me repitió la historia. Ahora en la otra mama. Me fui a hacer la mamo y la eco con miedo, ya presentía algo. Y de nuevo, en la ecografía, la médica me dijo que había algo que no le gustaba. Yo no lo podía creer. Era un deja vu. Otra vez la misma pesadilla. Le había pedido a mi novio que me acompañara. Era la primera vez que le había pedido a alguien que me acompañe. Yo algo ya intuía.


A los tres o cuatro días de la eco, me hice la punción y la espera fue dura. Fueron tres semanas de mucha angustia. Esta vez ya sabía lo que pasaba. Tenía toda la información encima. No tenía esperanzas de que no fuera nada como hacía 3 años atrás.


Efectivamente, los resultados aparecieron en el portal del paciente. Mi novio sin entender una sola palabra me los leyó. Yo entendí todo. Era idéntico al anterior. La llamé a Graciela, mi ginecóloga, y me confirmó lo que ya sabía. Otra vez cáncer de mama. Hablamos un poco por teléfono y me dijo que ella ya no operaba, que me iba a derivar con alguien de mucha confianza. No me gustó nada que ella no me opere, me transmitía mucha confianza; pero como todo en la vida, nada es casualidad. Mi cirujano fue quien hoy es uno de mis oncólogos. Un dulce de leche hecho médico. El diagnostico me lo dieron un jueves 8 de abril y el martes 13 me estaba operando.


De ambas operaciones salí feliz, eufórica. Con un alivio inmenso. Ambas fueron en el Hospital Alemán en donde me atendieron de lujo. Graciela Maletti mi ginecóloga y cirujana de la primera operación y Tomas Ramilo mi cirujano de la segunda operación, hoy oncólogo también junto a Gonzalo Gómez Abuin, quienes hicieron un trabajo de lujo apoyándome y ayudándome a transitar tan duros diagnósticos.



¿Cómo iniciaste tu tratamiento?


Mis dos operaciones fueron cuadrantectomías, por lo que ambas fueron acompañadas de radioterapia. Pero, al mes de operarme por segunda vez decidí hacerme una mastectomía bilateral. Si bien no fue una recomendación médica, me apoyaron al momento que se los consulté. Me dieron toda la información al respecto. Me comentaron que una cuadrantectomía más radioterapia para el tipo de tumor que yo había tenido, alcanzaba pero que entendían mi decisión; no solo porque yo ya lo había tenido dos veces sino también por el antecedente de mi mamá. Cuando tuve el cáncer por primera vez me hice los estudios genéticos y dieron negativos, pero me explicaron que hay muchos genes que aún se desconocen y que hay varios “baches” en la materia; entonces que, si bien mis estudios daban negativos, no era una certeza al 100%.


Al primer tumor lo traté con 33 sesiones de radioterapia y luego comencé a tomar tamoxifeno. Los rayos se me hicieron eternos. Iba todas las mañanas de los días hábiles en pleno inverno a las 7 de la mañana ya que al salir me iba a trabajar. No dejé de trabajar ni un día mientras realicé los rayos. Quería tener la cabeza ocupada. Además, no me trajeron ningún efecto secundario, salvo mucho enrojecimiento en la mama irradiada. Me habían adelantado que podía llegar a pasar y que podían suspender unos días si la piel se lastimaba de más; estuve casi por llegar a esa instancia, pero por suerte no pasó. No quería que se me estiraran los rayos, se me hacía muy pesado ir y estar ahí porque ya de por sí estaba muy enojada con la idea de estar transitando el cáncer a esa edad y a solo dos años de haber perdido a mi mamá por ese mismo motivo. La espera era bastante más larga que lo que duraban los rayos en sí. Una vez que me hacían pasar y me acomodaban yo cerraba los ojos y solamente pensaba cosas lindas, cosas positivas, le hablaba a la máquina, le decía que me cure, que me sane, que me llene de rayos de salud. Me funcionó mucho esa técnica porque salía "renovada". Llena de pensamientos positivos y fortalecedores.

Para el segundo continué con el tamoxifeno (continúo aún) y ya había iniciado todo el papelerío para la radioterapia, pero como me incliné por la mastectomía al final no fueron necesarios.








¿Cómo fue enfrentar esta enfermedad?


Enfrentarla es una montaña rusa. El diagnóstico es un shock. Un tren de frente. La segunda vez me parecía más una pesadilla. Pero una vez que entras en el baile, bailas…médico de acá, médico de allá, es como entrar en automático. Por suerte, me atiendo en un lugar de primera línea como es el Hospital Alemán, entonces salvo contadas excepciones todo fue diez puntos. Siempre me sentí muy contenida.

Yo creo que hay tantas formas de enfrentar y atravesar la enfermedad como personas en el mundo. Cada uno lo vive como puede, como le sale. A cada uno lo conecta con otras cosas. Hay gente que le sale tirarse a llorar y otras que, como fue mi caso, me hizo abrir los ojos.


En cierta forma fue un renacer. No estoy agradecida de haberlo pasado, mucho menos dos veces, pero sin duda no puedo negar que me dejó y me sigue dejando grandes aprendizajes. Para mi tener cáncer me reconectó con mi ser más interno. Dejé de darle importancia a las cosas más superficiales; antes podía llegar a estar de mal humor si tenía unos kilos de más, ahora ni siquiera me importa el peso. Disfruto mucho, muchísimo, más que nada en el mundo de los momentos lindos con mi familia, con mi novio, con mis amigos, con mi perro, eso es la buena vida para mí. Un rato al sol, el viento en la cara, poder pisar arena, bailar, cantar, reírme, y estar triste y llorar si es lo que mi cuerpo necesita. El cáncer me dio todo eso. Aprender a aceptar lo que me pasa. Abrazarme y quererme como soy. A veces, obviamente me cuesta, pero en líneas generales lo voy logrando.


Haberme enfermado me mostró mi parte vulnerable. Me puso sobre la mesa lo miedosa que puedo ser. Me duele un dedo y ya pienso lo peor. Esa es la parte que menos me gusta de todo esto. Ya no me relajo con las cosas físicas. Me da miedo que algo vuelva a pasar.



¿En qué etapa del tratamiento estás hoy?


Actualmente continúo con el tamoxifeno que inicialmente eran 5 años. Fue “cómico” porque antes de mi segundo diagnostico yo ya venía tachando los días para pensar en no tomar más el tamoxifeno y no, de nuevo la vida me dejó bien en claro que no puedo controlar todo lo que quisiera. Se extendió el tamoxifeno cinco años más, así que todavía tengo tiempo de la mano de esto.


También con el segundo diagnostico incluí la aplicación cada 28 días de goserelin, ya que mis dos tumores fueron hormonales, que es un inhibidor ovárico, con todo lo que eso implica. Tiene varios efectos secundarios, pero bueno, para mí la prioridad es estar sana, al menos no tener cáncer de nuevo así que si es necesario aplicarme esto lo voy a seguir haciendo por la cantidad de años que me indiquen los médicos. Hasta mi segundo tumor, me venía haciendo una mamografía por año junto a controles ginecológicos y dos ecografías mamarias por año. Pero con el segundo diagnóstico y mi decisión de la mastectomía, los controles pasaron a una vez por año. Si bien veo a mis oncólogos cada 6 meses, los estudios los hago todos en marzo. Este año que fue el primero luego del movido 2021 que tuve (cuadrantectomía + mastectomía + reconstrucción mamaria) fue muy movilizante ir. Me siguen generando muchos nervios los controles y los resultados; son semanas donde estoy bastante nerviosa y alterada, pero soy más que consciente que no hay nada mejor que ir hacerlos.



A partir de tu experiencia, ¿qué cambió en tu vida?


Te diría que, salvo mi nombre, mi familia, ser hincha de River y el lugar donde trabajo cambió todo, o casi. Mis amigas también siguen siendo las mismas, pero vos no volvés a ser la misma después del cáncer. Yo no volví a ser la misma.



El primero me abrió los ojos y el segundo me hizo tocar fondo. Cambié mis hábitos alimenticios, mis prioridades, me animé a adoptar un perro, venía estando soltera hace años y apareció el amor, hice bio decodificación, muchos talleres de comida saludable, constelaciones familiares, me compré otro tipo de libros, intenté hacerme el hábito de meditar (aún no lo logro), me dejé de preocupar y ocupar de cosas que no eran importantes, me fui poniendo de a poco en primer lugar y dejé de alimentar vínculos que no me sumaban. En resumen, empecé a elegir con mayor libertad, el cáncer me dio todo eso.


También me trajo miedos, angustias, llantos. En el 2021 toqué fondo. La pasé mal. Fueron unas semanas, pero realmente me sentía sin salida. Afortunadamente, en abril, casi en paralelo con la operación, inicié coaching ontológico. Te podría decir que fue un antes y un después en mi vida. El coaching me abrió la puerta hacia mi interior. Estoy buceándome. Estoy reconociéndome y reconectando con una Laura que no conocía, o que al menos no recordaba. Estoy muy feliz con este camino que estoy emprendiendo. Me hace muy bien el proceso por el cual el coaching me está llevando, y sobre todo quiero darle un uso que tenga que ver con mi historia y mi experiencia como paciente oncológica.


No agradezco haber tenido cáncer, me hubiera encantado encontrar todo esto y aprenderlo de otra forma, pero no lo elegí. Me veo del 2018 para acá y realmente me enorgullece mi cambio. Me siento totalmente transformada. Es raro y difícil de explicar, una sigue siendo la misma pero diferente, soy otra yo.



¿Qué te impulsó a crear @TachameLaDoble.ok y contar tu historia?


Un día me di cuenta que me hacía bien poner en palabras sobre un papel mi historia, que me servía sacar y escribir lo que tal vez no me animaba a decir. Entonces me puse a escribir, y también pensé que cuando me enfermé me hubiera encantado leer a alguien de más o menos mi edad contando su experiencia. Angustiada, llena de miedos, con miedo a morirse…no encontré nada de esto cuando me enfermé. Solamente seguía a una persona muy conocida que también tuvo cáncer de mama que me sirvió mucho leerla pero que después de un tiempo no me sentía identificada.


Me costó mucho abrir mi cuenta; me daba vergüenza, pudor, y obviamente miedo a que no me siguiera nadie. Pero un día cualquiera le dije algo a mi novio y el me respondió “abrila ahora, nunca va a ser todo perfecto como vos querés”. Y ahí dije, “tiene razón” y me animé. Lo peor que podía pasar era que no me siguiera nadie y la cierre, pero mientras tanto a mí me iba a servir porque iba a escribir, y eso lo tomé como parte de mi proceso de sanación.


Entonces me animé y la abrí, en febrero de este año. Al principio me seguían mis conocidos, pero de a poco se fue sumando gente nueva. Me encanta cuando me comentan algún posteo diciendo que se sienten identificadas con lo que cuento. Esa es la idea de mi cuenta. Humanizar el cáncer en todo sentido. Primero mostrar que atrás de cada diagnóstico hay una historia de una persona que está llena de sueños, proyectos, ideas, y también miedos, miserias y problemas. Somos personas mucho más inmensas que la enfermedad. Quiero que se vea eso. Que somos igual que cualquiera, pero cargando una enfermedad que no solo está muy estigmatizada, sino que muchas veces desde lo médico, nos hacen ver y sentir (esto me lo han compartido ya varias de las chicas con las que charlo a través de tachameladoble.ok) que somos un número. Que nuestras preguntas o dudas son graciosas y “que pase el que sigue”.


Por otro lado, la sola idea de pensar que desde esa cuenta puedo ayudar, aunque sea a una sola persona a que no se sienta sola/o en su camino, ya a mí me hace sentir que la cuenta tiene sentido. Yo transito la enfermedad como me va saliendo y así como tengo días hermosos y positivos, también tengo muchos días llenos de miedos y de llantos. El cáncer es horrible. Al menos lo es para mí. Quiero también compartir eso. Por más que uno tenga buen pronóstico y en mi caso, por ejemplo, que no haya tenido que hacer quimioterapia, no quiero dar el mensaje de que el cáncer fue mi maestro y le agradezco y me hace feliz, ¡no! Para mí el cáncer es una pesadilla y si bien, como dije antes, me enseñó y enseña todos los días, me hubiera encantado no tenerlo adentro ni cerca. También quiero contar este lado B en mi cuenta.


Ahora que abrí @tachameladoble.ok me encontré con que hay muchísimas cuentas de mujeres súper jóvenes contando su proceso. Yo no las conocía. Seguramente me hubiera ayudado a sentirme más entendida cuando lo tuve que transitar porque si bien tuve a mis amigas/os y familia, mucha contención y amor, el que lo pasó entiende y habla el mismo idioma. De a poco voy charlando con varias de ellas y al toque uno ya se siente amiga; hay muchas chicas que tienen muchos seguidores y me ayudan a difundirme.


Me parece que la idea es esa, que todas podamos a llegar a la mayor cantidad de mujeres posibles (o de hombres) para ayudar a cada uno a transitar o incluso acompañar de la mejor manera que se pueda. Mi cuenta también tiene el lado de acompañante de alguien que atravesó la enfermedad ya que muchos años acompañé a mi mamá antes de enfermarme. Así que sé perfectamente lo que es tener un familiar con cáncer, y ahora lamentablemente también, sé lo que es tener cáncer o, mejor dicho, haber tenido cáncer.



¿Cuándo notaste que podías hacer algo bueno con eso?


Fue antes del segundo diagnóstico que me di cuenta que mi paso por la enfermedad no iba a ser para mi sola ni en vano. Que de alguna u otra forma lo iba a exteriorizar, compartir y poner al servicio de quien lo necesitara. Sentí y siento la necesidad de contar mi historia para ayudar, ojalá, a otras mujeres y hombres. O a quien le haga bien conocer mi historia y escucharme.


El coaching me está dando muchas herramientas para poder abordar el tema desde otro lado y para poder ser oferta para otras mujeres. De alguna forma siento que logré armar un rompecabezas. Desde siempre quise poder hacer algo que tenga que ver con lo social, con ayudar a otros, con a través de la palabra llegar a muchas personas. Y ahora, siento que de alguna u otra forma, ese camino se está armando.



¿Qué le dirías a las mujeres que se enfrentan a esta enfermedad y qué les recomendas a quienes todavía pueden prevenirlo?


A las mujeres que lo están transitando les diría que respeten y hagan lo que sientan. Que no hay que ser fuertes ni positivas todo el tiempo. Que no hay que sonreír ni estar de buen humor ante todos. Atravesar el cáncer es muy duro y eso para mí, habilita a que cualquiera pueda llorar desconsoladamente, estar nerviosa, o incluso no querer salir de la cama un par de días. Pero, me parece importante no darse por vencido ni dejarse caer, un poco sí, pero no del todo. Uno nunca sabe cómo termina la película. Sé de muchas historias que tenían pronósticos fatales y hoy el cáncer es anécdota.


También les diría que se apoyen en médicos, sobre todo oncólogo/a que les dé lugar a preguntar, que sea amoroso/a, que las trate como personas y no como un caso más con la enfermedad. También que se rodeen de gente que les haga bien y que, si tienen vínculos tóxicos, los corten. Es el momento de elegir. Es el momento de pensar en una y de vivir la vida que realmente queremos. La enfermedad te abre los ojos y te pone sobre la mesa que nadie sabe cuándo va a ser su ultimo día; no vale la pena perder un solo segundo en cosas que nos lastiman o nos hagan mal.


Para las que no lo tienen, lo primero que les diría es que no dejen pasar un solo año sin hacer ecografía y mamografía. Ambos estudios se complementan y cada uno aporta desde su lugar, otra información. A veces de esos estudios, depende nuestra vida.


Y a quienes lo transitan y a quienes no, les diría que coman mucha fruta y verdura, que caminen, bailen, o hagan algo de ejercicio, que hagan cosas que les gusten, que amen mucho, que disfruten, se rían, no se quejen y no se hagan problema en donde no los hay. ¡La vida es una sola y es corta! No hay tiempo que perder.


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